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Una carretera de salida y entrada de una gran ciudad (Barcelona).
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Una carretera de salida y entrada de una gran ciudad (Barcelona).

Es necesario penalizar a los vehículos más antiguos para lograr menos contaminación

viernes 06 de enero de 2017, 07:00h
El presidente de la Asociación Nacional de Vendedores de Vehículos a Motor (Ganvam), Juan Antonio Sánchez Torres, defendió en relación a la última decisión adoptada por el Ayuntamiento de Madrid, que rebajar los altos niveles de contaminación que registra la capital no pasa por limitar la circulación de los vehículos en función de su número de matrícula sino en función de su antigüedad.

Sánchez Torres abogó por dar continuidad a los planes de achatarramiento

De esta forma, Sánchez Torres (que representa a 7.000 empresas del sector) consideró que “no tiene sentido” permitir la circulación de un vehículo con matrícula impar si éste tiene más de diez años y expulsa por su tubo de escape hasta un 95% más de partículas contaminantes que uno nuevo y eficiente, que debe quedarse en casa por tener una placa que termine en número par.

Así, el responsable de Ganvam insistió en que la solución para hacer de las ciudades entornos más limpios no está en prohibir el uso del vehículo utilizando criterios arbitrarios, sino en articular una fiscalidad que incentive la renovación del parque. En este sentido, defendió, por ejemplo, la necesidad de adecuar el Impuesto de Circulación a criterios medioambientales con el fin de desincentivar a los vehículos más contaminantes, que coinciden precisamente con los de mayor antigüedad y emisiones.

Planes de incentivación

Además abogó por dar continuidad a los planes de achatarramiento, que tan eficaces se han mostrado para impulsar el rejuvenecimiento del parque, máxime cuando tienen un retorno económico inmediato para el Estado vía impuestos. Concretamente, las ocho ediciones del Pive han permitido retirar de la circulación cerca de 1.180.000 vehículos con una media de 16,4 años.

Según Sánchez Torres, “las administraciones pugnan por entorpecer la vida de los automovilistas como si el coche fuera persé el enemigo público número uno y lo que hay que hacer es reflexionar sobre la elevada antigüedad del parque. De lo contrario, habría que reducir los impuestos que gravan a los vehículos en la misma proporción en la que se limita su circulación para compensar esta falta de ecuanimidad”.